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La Comarca

Historia

Prehistoria

Hace quince mil años, cuando artistas anónimos pintaban las bóvedas de Altamira o Santimamiñe, la Llanada era una estepa fría y deshabitada, un corredor entre montañas por el que pasaban los rebaños de renos, caballos y bisontes en sus migraciones buscando nuevos pastos, tras los que iban los hombres, pertenecientes a la variedad de Crô-magnon, que habitaban al norte de los montes que hoy llamamos Elgea, Urkilla y Aratz, en esa vertiente que, como hoy, era más templada debido a la influencia del mar. Pero la Llanada en esa época estaba deshabitada. Expuesta al viento y al frío, en ella no crecían más que hierbas y raquíticos arbustos. Sus ríos iban a parar a uno central que nacía en las montañas del sur, formaban grandes barrizales al desbordarse. Unos 100.000 años antes, cuando aún no había hecho aparición la glaciación de Würm, otros hombres, éstos de la variedad de Neandertal, nos dejaron sus herramientas de sílex en la sierra de Entzia.

Hace unos diez mil años, los hielos comenzaron a retroceder paulatinamente en las montañas, las temperaturas subieron y la flora y la fauna cambiaron. Los abedules, los avellanos y los pinos serían los primeros árboles que colonizarían la estepa de La Llanada. Luego, hace unos siete mil quinientos años, sería el roble la especie dominante. Hace seis mil años La Llanada era un tupido bosque de roble albar, quejigos y algunas carrascas. Este bosque estaría poblado por ciervos, corzos, uros o toros salvajes y jabalís, que serían cazados por lobos, perros salvajes, osos pardos y, por supuesto, por el hombre, que seguía sin habitar La Llanada. Su hogar se mantenía en las montañas en un momento clave para la humanidad, aquél en que se pasa de una economía basada en la caza y en la recolección, a otra fundamentada en la producción de alimentos, es decir, en la ganadería y la agricultura.

Hace cinco mil años ya hay pastores en nuestros montes. Culturalmente son del mismo tipo que los del resto del Pirineo occidental y central. La Llanada parece ser un lugar de paso en el que ocasionalmente aquellos pastores, que empiezan a utilizar objetos de cobre obtenidos en sus nomadeos hacia el sur, construyen en medio del bosque, al pie de sus caminos de trashumancia pastoril, tumbas colectivas: son los dólmenes. En los montes erigen menhires y cromlechs. Estos pastores, de acuerdo con los indicios de que disponemos, serían descendientes de los antiguos pobladores paleolíticos y antecesores de los actuales vascos. Podemos suponer que su lengua era la antecesora del actual euskara.

Hace algo más de tres mil años comienzan a llegar a La Llanada, procedentes del continente europeo, unas gentes distintas: los celtas indoeuropeos. Son pueblos ganaderos, agricultores y metalúrgicos, los primeros traerán útiles de bronce, los de las oleadas posteriores serán ya de hierro. La mayoría simplemente pasarán por aquí, pero algunos iniciarán a los primitivos habitantes de La Llanada en la agricultura y la metalurgia, con lo que los pobladores de los montes, descenderán de ellos, para establecerse en el llano, en lugares dominantes, fácilmente defendibles, como son el Castro de Henaio, junto a lo que hoy es Alegría‑Dulantzi, perteneciente a la cultura del bronce, y el de Santa Lucía, junto al actual pueblo de Gebara, perteneciente a la época del hierro.

Fotografía: Dolmen de Sorginetxe en Arrizala

Dolmen de Sorginetxe en Arrizala

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